6.6.13

Participación en la Jornada sobre Juego Infantil, Inteligencias Múltiples y Creatividad

Nuestra compañera Isabel Andrés participó en la mesa redonda “Creando entornos favorables al juego”, en la Jornada sobre Juego Infantil, Inteligencias Múltiples y Creatividad, organizada por el Proyecto Terra Mater. A continuación dejamos el texto de su intervención:


Nuestro proyecto, La Ciudad de los Niños, se articula en torno a dos ejes fundamentales: la participación de los niños y de las niñas y su autonomía.
Antes de avanzar en el tema de la mesa, vale la pena, ofrecer unas breves pinceladas sobre la situación actual.

Debemos tomar conciencia de que los niños de hoy, por nuestra forma de vida, tienen menor autonomía para la realización de tareas cotidianas que los de décadas anteriores. No hace falta recurrir a estudios, aunque existen varios, para ver que actividades que hace una o dos décadas realizaban los niños y las niñas con naturalidad hacia los 7 años, hoy no los realizan solos hasta cerca de los 12. Me refiero a cosas como bajar a jugar a la plaza con los amigos, hacer recados sencillos como comprar el pan, o ir al colegio solos o en compañía de vecinos o hermanos.

Nos encontramos ante la primera generación de niños y niñas que no andan libremente por la calle, esto no solo afecta a su desarrollo, afecta a la sociedad entera, a la forma en que estos niños y niñas se posicionen en su comunidad, los derechos que defiendan, la sociedad que reivindiquen, en definitiva, en la forma de ejercer la ciudadanía y por tanto, al futuro modelo de sociedad.

Los niños y las niñas pasan su vida en una especie de archipiélago formado por lugares altamente estructurados y especializados, caros de mantener y de construir: colegios, polideportivos, casas de cultura, ludotecas... No hay que olvidar que todo esto se financia con dinero público, con dinero de todos y que si se gasta en esto hay que detraerlo de otros servicios que puede que nos sean de mayor utilidad, es un modelo caro y poco útil, esta es otra cuestión sobre la que también convendría reflexionar en otro momento.

El problema es que se ha generalizado un estilo de vida que a fuerza de repetirlo parece que es incuestionable, que es lo mejor, o todavía peor, que no hay otras alternativas. Que lo adecuado es que después de la larga jornada escolar, los niños deben asistir a innumerables actividades formativas, algunas con escaso rigor y menor interés... muchas veces me he preguntado qué interés tiene para los niños, por ejemplo, aprender chino mandarín, salvo que vayan a ir a china a vivir. Como este ejemplo seguro que a todos se nos ocurren varios.

Los niños y niñas están siempre vigilados/acompañados por adultos: sus padres, sus maestros, sus monitores, sus vigilantes de patio que interfieren continuamente en su forma de relacionarse ... Los patios escolares me recuerdan a las películas americanas sobre cárceles, con todos esos vigilantes molestando a los presos condenados a trabajos forzados. ¿Por qué se necesita tanta vigilancia en un patio de educaciónprimaria?, y cuanto más celo ponen estos profesionales peor. Los más cumplidores indican a los niños a qué jugar y cómo: los del fútbol allí, ahora tiras tú y tú de portero y vosotras dos haced caso de esta niña que nadie juega con ella... el patio escolar era casi el único reducto que a los niños les quedaba para jugar con sus iguales, sin la intervención de los adultos, pero tampoco existe ya.

Con frecuencia, se confunde el juego libre con las actividades. Ir a clase de fútbol en el polideportivo donde hay un horario, una cuota que pagar, un entrenador, un reglamento de régimen interno..., no es jugar al fútbol con los amigos. Por supuesto, no estamos en contra de la práctica deportiva que puede ser también divertida e interesante para los niños, solo decimos que eso no es juego. Ninguna de las actividades que se ofrecen a los niños y niñas se pueden equiparar en interés al juego entre iguales.

Los niños aprenden muchas cosas mediante el juego, solo mencionaré una que considero bastante importante, a autorregular su comportamiento. Un niño tímido sabe que si no hay adultos por medio debe incorporarse al juego tratando de vencer su timidez y aprenderá a hacerlo, poco a poco. Por el contrario, un niño impulsivo, sabe también, que si no respeta a los demás, no van a jugar con él. Así es como, toda la vida, los seres humanos han aprendido a relacionarse, a autorregularse y a entender que las actitudes de cada uno tienen consecuencias. En la actualidad los niños y las niñas tienen difícil estos aprendizajes tan necesarios, es posible que les apunten a un taller de habilidades sociales o visiten a un psicólogo para que les ayude a socializarse y si son muy inquietos puede que hasta sean medicados.

Este es el panorama, pero en esta mesa tenemos que hablar de cuáles son los entornos favorables al juego. Hay que señalar que los niños juegan siempre, también en las situaciones más adversas, los niños juegan en tiempos de hambruna, en guerras, en campos de concentración, en hospitales... El juego es la forma que los niños y las niñas tienen de relacionarse con el mundo. Hay entornos mejores que otros, veamos cuáles son los que consideramos más favorables.

Cuando hablamos de entornos no solo nos referimos al espacio físico, nos queremos referir al conjunto de circunstancias que deben darse para que se produzca el juego en el amplio sentido de la palabra, en la definición que antes se ha mencionado, de Huizinga en Homo Ludens.

Como no disponemos de mucho tiempo vamos a considerar tres cuestiones: cuándo, con quién y dónde.

Lo primero que los niños necesitan para jugar es tiempo, es necesario descargar la agenda de los niños de deberes y actividades, ya hemos hablado de esto suficientemente, solo tengamos en cuenta que jugar es un derecho reconocido en la Convención de Derechos de la Infancia, hacer los deberes no lo es.

Además de tiempo, los niños y niñas necesitan amigos para jugar. Cuando decimos amigos no decimos compañeros, ni hijos de los amigos de los padres, ni amigos que viven en el quinto pino, ni amigos virtuales. Decimos amigos, los que cada uno elige por afinidad y que están cercanos, a mano, con los que puede jugar sin necesidad de ser acompañados, los del barrio.

Ved ahora qué va a ocurrir con la implantación del distrito único para la escolarización en la Comunidad de Madrid. Cada vez más niños y niñas serán escolarizados a varios kilómetros de sus domicilios imposibilitando que puedan ir andando solos perdiendo los múltiples beneficios que tiene hacerlo.

Cuando uno de estos niños quiere jugar con un amigo del colegio, sus padres deben disponer de tiempo para trasladarlo en automóvil, eso sí, bien atado y con sillita especial, lo que significa por una parte, que hay un reconocimiento del riesgo que el niño corre en el trayecto y por otra, dicho con sarcasmo, que existe una gran preocupación por los niños en esta sociedad. A la vez, en la casa que el niño va a ser recibido, también tiene que haber unos padres preparados, casi siempre con merienda y actividades previstas, no sea que se vayan a aburrir... todo tan complicado como escaso de interés.

Si los niños que tienen la suerte de bajar a jugar a la calle todavía no tienen edad para salir solos, el adulto que los acompañe debe hacerlo para echar un ojo, sin intervenir en el juego de los niños, insisto en esta cuestión porque me parece muy importante. Un entorno favorable al juego es el que permite la autonomía infantil.

Y el último aspecto del entorno que voy a mencionar es el espacio físico. Mejor al aire libre, nuestro clima nos lo permite. Que sea un espacio público: plazas y calles peatonales, no debemos cejar en la reivindicación del espacio, los coches no merecen más que las personas. También solares, en estos momentos muchos de ellos van a quedar sin edificar por bastante tiempo. Demandemos que se limpien, que se abran al uso de los vecinos en tanto que no se utilicen, no importa que haya un montón de piedras, o un charco ¿hay algo más interesante que un charco para un niño de tres años?, mejor si se podan los árboles y se dejan unas ramas que pueden utilizar los niños y las niñas para hacer cabañas... no se necesitan toboganes para jugar. No sé si alguno de vosotros conocéis la normativa de parques infantiles, es tan complicada que cada parque, por pequeño que sea, cuesta una fortuna y el resultado, ya sabéis, todos los parques iguales, sean de donde sean.

Los espacios de juego, además, deben estar cercanos a casa, que permitan la independencia de los niños. Espacios abiertos, no es necesario delimitarlo todo. Compartidos con los demás vecinos, no segregados. Que los niños puedan conocer su barrio, cómo son sus gentes, que sepan dirigirse a un adulto, que aprendan a relacionarse y a organizarse entre ellos. Es decir, que conozcan el medio de verdad, no a través de una asignatura y un libro de texto. Podemos encontrar en algunos de estos libros un tema que se llame: Conozco mi barrio que se acompañará de unas ilustraciones estereotipadas, un señor con turbante, una señora con chilaba, un africano muy simpático... como si todos los niños y niñas vivieran en el mismo barrio que el que ha hecho el libro, con la misma población... si queremos que conozcan su barrio deberíamos permitírselo, en fin, a veces parece que hemos perdido el juicio. Resulta bastante ridículo si reflexionamos sobre ello.

El espacio de juego no debe ser especializado, si juegan en una plaza no se trata de reservar un trozo para el juego infantil, los niños elegirán la zona dependiendo del juego que van a practicar, no es igual jugar a las cuatro esquinas, a la comba o al escondite. Elegirán dependiendo también del resto de vecinos que estén en ese momento, procurando no entrar en conflicto. Esto también supone un aprendizaje muy importante.

Deben ser espacios polivalentes. De todos y para todos. Diseñados con la participación de los verdaderos especialistas en juego, con la colaboración de los que saben cuáles son los auténticos entornos favorables para el juego infantil: los niños y la niñas. La participación, igual que el juego, también es un derecho reconocido en la Convención de Derechos de la Infancia. Creemos cauces para la participación, escuchemos las propuestas de los niños y las niñas, serán más baratas, más prácticas y más satisfactorias para todos.

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